Repartiendo por San Cristóbal hace como dos años, caía seguido por el kiosco de Rawson y México, el del toldo verde. Nunca le dije cómo me llamaba, siempre era 'buenas, una gaseosa' y listo. El día que la empresa me mandó el mail diciéndome que estaba fuera del sistema, paré ahí a las 19:10 a comprar un agua, cara de piedra, y el tipo me dijo 'Leo, hoy no estás bien'. Le pregunté cómo sabía mi nombre y me dijo que hace meses que me ve pasar, que le preguntó a la chica del edificio de la esquina quién era el de la moto naranja. Me quedé ahí parado cinco minutos hablando con un tipo que ni conocía. La calle te enseña quién te está mirando antes de que vos te des cuenta.