el encargado de Perdriel me paró para preguntarme si yo sabía quién rompió el portero eléctrico y tenía el pedazo en la mano
Treinta años viviendo en el mismo edificio de Perdriel al 1200, y el encargado —Ramírez, un tucumano de pocas palabras— me intercepta en la puerta un miércoles a las 8 de la mañana con cara de fiscal. Me pregunta, muy serio, si yo había visto quién había roto el portero eléctrico del ingreso. Mientras hablaba yo lo miraba a los ojos, pero la mano izquierda la tenía cerrada y le asomaba un cable pelado y un pedacito de plástico beige, que era exactamente el color del portero. Le señalé la mano con la vista, sin decir nada. Se quedó callado tres segundos, me dijo 'buenas' y entró al cuartito de limpieza. Yo te digo una cosa: cuarenta años manejando y aprendí que cuando alguien te hace una pregunta con la respuesta en la mano, lo mejor es dejar que llegue solo.
