Salía del turno, Av. Díaz Vélez al 5000, llovía. Un tipo de unos 50 con campera de obra me interceptó antes de llegar al colectivo. Le dije que sí, era médica, pensé que era familiar de alguien. Sacó una bolsita con blísteres mezclados, ibuprofeno, clonazepam, algo que no identifiqué rápido, y me preguntó con una calma rara: 'doctora, ¿cuántas de estas son demasiadas juntas'. Le pregunté si eran para él. Me dijo que preguntaba por un amigo con una sonrisa que no era de chiste. Lo hice entrar a guardia. Estuvo tres horas, le mandé interconsulta con psiquiatría, salió caminando por sus propios medios a las 5. Ya nada me sorprende pero esa pregunta me la sigo haciendo.