Estaba haciendo la primera vuelta del día, paré en Maza y Carlos Calvo a dejar un café con leche y dos medialunas. El encargado me salió al cruce antes de que tocara el portero, como si me estuviera esperando. Me preguntó si yo había traído algo la noche anterior para el 2°B, me dijo el nombre completo del tipo, Rodrigo Almirón, y me lo preguntó con la llave en la mano apretada. Le dije que no, que mi turno arrancaba a las 6, y me miró como si le estuviera mintiendo. Subí, dejé el pedido, y cuando bajé el encargado ya no estaba pero la puerta del 2°B tenía una seña marcada con tiza en el marco, chica, como una rayita. No sé qué pasó ahí adentro, pero la calle te avisa cuando algo no está bien, y yo aceleré y no volví a ese edificio.