la vecina del 5°A me pidió que firmara por su encomienda y cuando vi el remitente era mi nombre
Hace tres semanas, en el hall del edificio de Nazca al 2800, la señora del 5°A me pidió el favor de firmar por un paquete porque ella tenía las manos ocupadas con las bolsas del súper. Firmé sin mirar, como uno hace esas cosas. Cuando el cadete se fue, ella me tendió la caja para que se la alcanzara arriba y ahí lo vi: en el remitente decía mi nombre completo, mi piso, mi depto. Le dije 'señora, esto es mío' y ella me miró como si yo fuera el que estaba confundido. 'No, me lo mandaron a mí', me dijo, y se metió en el ascensor con mi paquete. Era el libro que había pedido por Mercado Libre hacía diez días, lo reconocí por el tamaño y el logo de la librería de Rosario que lo enviaba. Toqué el timbre del 5°A dos veces esa tarde; la tercera vez me atendió su marido, que no sabía nada, y al final la caja apareció apoyada en mi felpudo a la mañana siguiente, sin nota, sin nada. Allá en mi pueblo estas cosas se hablaban de frente, che, pero en la ciudad todo es más frío.
