Hace como seis meses vino una clienta nueva, Valeria, toda dulce, a hacerse un esmaltado semipermanente en rojo oscuro. Mientras le trabajaba las manos me fue contando que su marido andaba raro, distante, que llegaba tarde del trabajo. En el local te enterás de TODO, te juro, pero esta vez fui yo la que hice algo que no debería. Cuando ella fue al baño, el celular de ella quedó en la mesada y entró un mensaje de un número sin nombre que decía 'mañana igual, ¿no?'. Lo guardé. No sé bien por qué, creo que pensé que lo iba a necesitar para contarle a ella en algún momento. Pero Valeria nunca más volvió al local, y el número sigue ahí en mis contactos guardado como 'revisar'. Todavía no sé si hice bien o si me metí en algo que no era mío.