le dije a mi cliente que dejara de seguir a esa 'consultora trucha de Palermo' y era mi propia cuenta la que tenía abierta en la pantalla
Reunión por Zoom con una clienta nueva, martes a las 16:30, yo compartiendo pantalla para mostrarle un análisis de competencia. En un momento le señalo un perfil de Instagram y le digo textual: 'esta chica cobra una fortuna y no tiene ni estructura, mirá la bio'. La clienta hizo silencio dos segundos y me dijo 'sí, la conozco, de hecho me la recomendó alguien tuyo'. Cuando cerré la ventana emergente que tenía encima vi que el perfil que yo había estado criticando era el MÍO, con mi foto, mi logo y mi número de contacto. Le dije que era un ejemplo que usaba para 'mostrar errores comunes de posicionamiento' y me respondió 'claro, obvio' con una sonrisa que no voy a olvidar nunca. Cerré la reunión antes de tiempo diciendo que tenía otra llamada y estuve veinte minutos sin poder abrir ninguna aplicación.
