le dije al encargado que yo nunca había roto una copa en el turno y él abrió el cuaderno de partes: 11 copas en tres meses, todas con mi letra abajo firmando el descuento
Laburo en el Rufino, un bar de Palermo Viejo, turno noche de jueves a domingo. El encargado, Mauro, cerró la caja mientras yo estaba acomodando la barra y me dijo que en diciembre íbamos a rever los descuentos por roturas. Le dije que a mí no me descontaban nada, que yo no había roto una copa en todo el año. Mauro no dijo nada, abrió el cajón de abajo de la caja y sacó el cuaderno de partes: once entradas, entre agosto y octubre, todas con el código 'BP-4' que es mi puesto, y al final de cada una mi firma en azul. Reconocí la letra al toque porque escribo la 'f' con una vuelta de más, cosa que mi vieja siempre me cargó. No supe qué decir. Firmé en su momento sin leer, apurado entre pedido y pedido, y acá estamos. Allá en Tucumán esto no pasa porque el encargado te explica qué firmás antes de darte el lapicero.
