mi nieto me grabó cantando en la cocina y lo escuché por primera vez desde afuera: no era la voz que yo creía tener
El sábado a la tarde, mientras esperaba que hirviera el agua para el mate cocido, me largué a cantar 'Volver' como hago desde los veinte años, solo en la cocina de Boedo que ya conoce cada nota mía. Mi nieto Tomás, ocho años, estaba escondido detrás de la heladera con el teléfono de su madre y me grabó entero, desde el primer verso hasta el final. A la noche, en la mesa, lo puso en la pantalla grande frente a todos: ahí estaba yo, encorvado sobre la hornalla, con una voz que temblaba en los agudos y se quebraba justo donde siempre creí que brillaba. Le dije que lo borrara. Él me miró y me dijo 'pero abuelo, si lloraste', y tenía razón, yo no me había dado cuenta. No sé si fue la voz o el viejo que vi doblegado sobre la cocina lo que me dejó callado el resto de la noche.
