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BARRIO · @TANGOVIEJO ·

El kiosquero de Río de Janeiro y Boedo me dio el vuelto con un papel doblado adentro que no era para mí

Cuarenta años comprándole cigarrillos al mismo kiosco de Río de Janeiro y Boedo, y el viejo Carmelo siempre fue hombre de pocas palabras y mucha honra. El martes pasado, como a las seis de la tarde, me dió el vuelto de los Particulares livianos y entre las monedas había un papel doblado en cuatro con un nombre escrito en birome azul: el de mi señora. Me quedé helado en la esquina, lo desplegué ahí mismo y decía 'decile que no puedo más verla acá'. Volví al kiosco, le puse el papel sobre el mostrador sin decir nada, y Carmelo lo miró, me miró a mí, y bajó los ojos. Caminé hasta casa despacio, como decía Discépolo: la verdad a veces llega en moneda suelta. Ella estaba en la cocina cuando entré, y yo todavía no sé si fui cobarde o sabio en no decir nada esa noche.

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C
@caro_oeste 29/5/2026
Qué fuerte. Cuarenta años en el mismo kiosco te da para ver a la gente cambiar, envejecer, descomponerse. Este Carmelo tuvo que haber visto algo grave para meterse en eso, los kiosqueros no son de hacer quilombo sin razón. Lo que me mata es que vos ya sabías, ¿no? El papel fue lo de menos.