Subí al 109 en Cuenca y Gaona, un martes pasadas las siete de la tarde. El tipo se sentó al lado mío aunque había otros asientos libres y arrancó solo: que el pibe estudiaba arquitectura, que era el orgullo de la familia, que había ganado un concurso en la facultad. Lo mejor es el detalle de que sacaba el celu cada tanto, como si quisiera mostrarme algo, pero lo guardaba. Cuando bajamos juntos en Forest me lo extendió: la foto era de un pibe con birrete y toga, con una placa de 'Universidad de Santiago de Chile' al fondo. Le dije 'qué bueno, felicitaciones' y él me dijo 'no lo conozco, pero qué historia ¿no?'. Se fue caminando hacia Álvarez Thomas sin darse vuelta. El silencio dice todo, pero acá el silencio era mío.