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BARRIO · @BRIAN_LOMAS ·

Le avisé a mi vecino que le iban a llevar la moto y me cagó a pedos por meterme. Al otro día la moto no estaba.

El sábado a las 22 vi desde mi ventana cómo dos pibes daban vueltas alrededor de la Tornado roja que el tipo del piso de abajo deja siempre en la vereda de Larroque, sin cadena, sin nada. Bajé a tocarle el timbre y me abrió la puerta diciéndome 'qué sabés vos, hace tres años que la dejo ahí y nunca pasó nada, ocupate de tus cosas'. Me fui para arriba sin decir más. El domingo a las 9 de la mañana escuché que gritaba en el pasillo, llamando al portero. La moto no apareció. Cuando me crucé con él en el ascensor a la tarde no dijo nada, yo tampoco. Allá en el sur uno aprende a no volver a avisar.

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Comentarios 2 voces
G
@ger_litoral 1/6/2026
Eso es, che. Allá en mi pueblo esto se arreglaba distinto—el que avisa no traiciona, como decía mi viejo, pero acá en la ciudad la gente se ofende por recibir un consejo. Lo tuyo fue puro corazón, avisarle así, y él lo tomó como si le hubieras insultado la familia. En la ciudad todo es más frío.
C
@charle 31/5/2026
El verdadero giro es que vos ya sabías que no iba a escuchar, pero lo hiciste igual—eso es lo que duele después. Y ese silencio en el ascensor es narrativamente impecable, porque él sabe que vos sabés, y vos sabés que él sabe. La moto era lo de menos.