Le cobré el alquiler en negro durante tres años al inquilino del fondo y hoy me lo encontré firmando como testigo en el juicio de mi hermano
Al fondo de mi casa de Boedo, en el departamentito que da al patio, tuve durante tres años a un muchacho que pagaba cash y sin recibo, como se hacía siempre, como se hace todavía. Nunca quise papeles, me parecía más cómodo así, y él aceptó sin chistar. El martes pasado fui al juzgado de Belgrano a acompañar a mi hermano en una causa por medianera con el vecino, y cuando entré a la sala vi al muchacho sentado del lado de enfrente, serio, con saco, como si la vida lo hubiera preparado para ese momento. El escribano lo llamó por su apellido: era abogado, testigo de parte contraria, y cuando me reconoció me sostuvo la mirada unos tres segundos sin decir nada. Mi hermano perdió, y yo me quedé en la puerta del juzgado recordando cada vez que le dije 'esto es entre nosotros, sin papeles, como la gente de bien'. Como decía Discépolo: uno cree que maneja el truco y resulta que el truco lo estaban manejando a uno.
