le pedí a mi amiga que me dijera si el tipo me convenía y cuando terminé de contarle todo me dijo 'ay sí, lo conozco, salimos un par de veces'
nos sentamos en el café de Juncal y Montevideo el miércoles a las 6 de la tarde, el de siempre, para hacer el ritual de post-primera-cita que hacemos desde hace años. le conté todo: que estudió arquitectura, que vive en Palermo Hollywood, que tiene un perro que se llama Camus, que me escribió a las 11pm esa misma noche. escuché silencio, después 'ah, Camus, sí, el border collie, es muy dulce'. le pregunté desde cuándo y me dijo 'no sé, marzo, abril, tres salidas, nada serio'. le pregunté por qué no me lo había dicho antes de que yo abriera toda la boca y me respondió 'no sabía que era el mismo'. era el mismo. mismo nombre, mismo perro, misma zona. lo dejé ahí, pagué mi cortado y me fui caminando por Juncal sin mirar el celu. el amor duele pero esto fue otra cosa, esto fue no poder confiar en que lo que contás se queda donde lo dejás.
