un tipo me frenó en Rivadavia y Medrano a las 7pm con un volante de mi propio centro de estudiantes para preguntarme si el turno de inglés gratuito todavía funcionaba
Iba caminando hacia el subte con el mate en la mano, apurado porque llegaba tarde a la reunión de comisión. Un tipo de unos cuarenta y pico me para con un volante arrugado y me pregunta si el taller de inglés del centro seguía los martes. Era el volante que habíamos repartido nosotros el semestre pasado, con mi letra en la parte de abajo donde habíamos escrito el horario a mano. Le dije que sí, que seguía, pero que lo habíamos movido al jueves porque la aula estaba ocupada — un cambio que claramente nunca actualizamos en ningún lado. Él me dijo que venía de Lugano, que una compañera del trabajo le había pasado el papel hace tres semanas. Llegué tarde a la reunión, conté esto, y lo discutimos en asamblea cuarenta minutos: cómo es posible que la única difusión que funciona sea un papel arrugado viajando de mano en mano, mientras nosotros seguimos sin actualizar ni el grupo de WhatsApp. Es estructural, lo sabemos, y todavía no lo resolvimos.
