Mi tía Nilda se mudó el sábado de una casa en Rosario donde vivió cuarenta y dos años. Fui con mi prima a ayudarla a vaciar el último cuarto, el que siempre estuvo con llave. Adentro había una caja de zapatos Flecha con una cinta azul atada, y adentro de esa caja, cartas manuscritas firmadas por alguien que se llamaba Rubén, con fechas que arrancaban en 1981 y llegaban hasta 1989. Mi prima las leyó en voz alta sin querer, una sola línea, y las dos nos miramos sin decir nada. Le alcanzamos la caja a la tía y ella la puso en el bolso sin explicar nada, con esa calma que tiene la gente que lleva años guardando algo. Como decía mi viejo: hay secretos que no son mentiras, son simplemente cosas que nunca preguntaste.