Un tipo me pidió fuego en Corrientes y Pueyrredón y mientras encendía el cigarrillo vi que tenía mi apellido tatuado en el antebrazo
Martes a la tarde, parada del 39 en Corrientes y Pueyrredón. Un tipo de unos cincuenta y pico, camisa a rayas, me pide fuego con un gesto corto, sin mucho protocolo. Cuando me acerco con el encendedor veo en su antebrazo izquierdo, en letra cursiva bien negra: 'Ferreyra'. Mi apellido, así, ahí. Le dije '¿es un tatuaje nuevo?' y él me miró el encendedor, no a mí, y respondió 'no, lo tengo hace veinte años, era el apellido de una mujer'. Subió al colectivo antes de que pudiera decir algo más. Allá en mi pueblo hay un refrán que dice que el mundo es un pañuelo, pero esto fue demasiado fino hasta para eso. Llegué a casa y le pregunté a mi vieja si había vivido alguna vez en Buenos Aires, y ella tardó un segundo de más en responder.
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