El portero de Matheu al 200, un gallego viejo que conocí hace treinta años cuando los dos teníamos pelo, me paró ayer a la tarde con esa cara de quien sabe más de lo que debería saber. Me dijo, bajando la voz como si el edificio escuchara: 'Don Norberto, la señora Graciela está en el séptimo, ¿usted lo sabía?'. No lo sabía. Tres veces subí al cuarto a tomar mate con su hermana Marta, tres veces usé ese ascensor de madera que cruje, y en ninguna de esas tres veces Marta me dijo una sola palabra. Le pregunté al portero desde cuándo, y me dijo 'desde el verano, señor, desde el calor'. Subí al cuarto, le pregunté a Marta por qué el silencio, y me contestó algo que todavía me está dando vueltas: 'Porque vos tampoco preguntaste, Norberto'.