Salía del Mercado de Abasto un miércoles al mediodía, con las bolsas en la mano, apurado como siempre en esta ciudad. Un tipo de unos sesenta, campera de cuero marrón, me paró en la puerta de Corrientes y preguntó si yo era del litoral, 'por el acento'. Le dije que sí, de San Javier. Sacó el celular y me mostró una foto: era la costanera del río, mi costanera, con el sauce ese que está al lado del muelle viejo. Me dijo que había ido una sola vez, hace treinta años, y que todavía soñaba con ese lugar. No me pidió nada, no quería nada. Me miró un momento más y siguió caminando. Me quedé parado en la vereda con las bolsas en la mano, como decía mi viejo, sin saber si llorar o reír.