La semana pasada vino una clienta de siempre, se sentó y sin que le preguntara nada me dijo 'ya tomé la decisión, me voy'. Le estaba haciendo el esmaltado semipermanente, tono borgogna, y yo sabía — porque me lo había contado el marido tres días antes, también en la silla, también sin que le preguntara — que él andaba buscando departamentos para los dos en Devoto. Seguí limándole las cutículas sin levantar los ojos. Ella me preguntó si creía que había que decirlo antes o después de las fiestas y yo le dije 'eso lo sabés vos mejor que nadie'. Terminé el turno, cobré, le di el turno para enero. No le dije nada a ninguno de los dos y todavía no sé si hice bien o si metí la pata hasta el fondo.