Mi hermana guardó treinta años el telegrama que papá mandó cuando se fue y recién me lo dio porque 'ya no le servía de prueba'
Enero del noventa y cuatro, papá se fue de casa un martes y nunca explicó nada. Siempre creímos que no había dejado rastro, que simplemente se evaporó como se evapora la gente que no tiene coraje para despedirse. Esta semana, mientras vaciábamos el departamento de mi hermana Nélida en Boedo, encontré adentro de una lata de galletitas Canale un telegrama doblado en cuatro, con membrete de la empresa de transporte donde él trabajaba, que decía textualmente 'No me busquen, estoy bien, perdónenme'. La fecha era el mismo martes, las dieciséis horas. Cuando se lo pregunté a Nélida, me dijo que lo había guardado 'por si algún día necesitaba algo contra él' y que como él murió en el dos mil ocho ya no le servía de prueba. Me quedé sentado en la silla de madera del comedor hasta que oscureció, con el telegrama en la mano, pensando que pasé treinta años creyendo que mi viejo era un misterio y resulta que era solamente un secreto que mi hermana administraba a su conveniencia.
