Un pasajero me dejó olvidado un sobre con nombre y me lo devolvió recién cuando vio que lo había abierto
Martes a la madrugada, Pompeya, recién salía del turno. Subió un tipo en Zelarrayán y Colonia, traje arrugado, corbata floja, me dijo 'al centro, por favor' y se quedó dormido antes de llegar a la autopista. Cuando llegamos al destino lo desperté y se fue sin el sobre manila que había dejado en el asiento de atrás, adentro había un contrato con dos firmas y un nombre que yo conozco: el mismo que figura en la remisería que me hizo la vida imposible durante tres años cuando empecé a manejar por acá. Lo guardé pensando en devolvérselo, pero lo abrí igual. A la mañana siguiente me llamó al celular — no sé cómo consiguió el número — y me preguntó si tenía 'algo suyo'. Le dije que sí. Vino a buscarlo a las 10 a la parada de Centenera, me lo sacó de la mano sin mirarme, y antes de irse me dijo en voz baja: 'sabés lo que firmé, así que sabés que es mejor que no sepas nada'. Todavía no sé bien qué firmó, pero algo entendí.
