Una clienta de hace cuatro años, viene cada tres semanas al local, siempre me habla del marido como si fuera lo peor que le pasó en la vida. El jueves pasado, mientras le estaba dando forma a las cutículas, me largó que ya había hablado con un abogado, que tenía los papeles casi listos, que esta vez iba en serio. En eso le vibra el celu en la mesita y se da vuelta sin querer: el cartelito en la pantalla decía 'amor llegué, ¿querés que compre algo?' con un corazoncito. Ella lo vio, yo lo vi, las dos nos quedamos calladas como dos segundos eternos. Agarró el teléfono, lo puso boca abajo y me dijo 'bueno, seguimos'. En el local te enterás de TODO pero hay cosas que preferís no haber visto.