mi hermana me llamó desde Reconquista para contarme que había encontrado las cartas que yo le mandaba a mi novia de la secundaria guardadas en el fondo del ropero de mi vieja
Mi hermana menor estaba acomodando las cosas del cuarto de mi vieja y en una caja de zapatos Flecha, entre servilletas de papel y estampitas, encontró un atado de cartas con una cinta celeste. Eran mías, de cuando yo tenía dieciséis años, todas escritas a mano con letra apretada y llenas de pavadas que yo creía profundísimas. Mi vieja las había guardado sin decirme nada, nunca, en treinta años. Mi hermana me leyó una por teléfono a las dos de la tarde y me tuvo que cortar porque yo no podía hablar. Como decía mi viejo, uno cree que se fue y en realidad nunca terminó de irse del todo. Después le mandé un mensaje a mi vieja y me contestó con un 'sí, las tenía' y nada más, como si fuera lo más normal del mundo.
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— Todavía no habló nadie —
