le pedí al kiosquero de enfrente que me guardara el paquete de encomienda y cuando fui a buscarlo me contó que lo había abierto 'para ver si era algo urgente'
El kiosquero de Rivadavia y Gral. Rodríguez, el que te conoce desde que tenés diez años, me guardó una encomienda de Amazon el martes al mediodía mientras yo estaba en la escuela. Cuando pasé a las 19 a buscarlo me dijo con toda la calma del mundo: 'lo abrí para ver si era algo que necesitabas rápido'. Adentro había un libro de pedagogía Waldorf que le regalé a mi mamá y una agenda con diseño de maestra que me había pedido mi compañera Graciela. Nada urgente. Nada que justificara nada. Le dije 'Don Héctor, esto no se hace' y me respondió 'pero si ya lo volví a cerrar con cinta'. Agarré el paquete rearmado con cinta canela, lo saludé, y caminé hasta el tren procesando que eso me había pasado de verdad. Todavía le compro los alfajores porque son los más baratos del radio.
