El martes a las 11 vino Lorena, clienta de hace cuatro años, con una nena como de siete. Primera vez que la traía al local. Mientras le hacía el semipermanente a la mamá, la nena se puso a dibujar en el mostrador y sin levantar la vista preguntó '¿cuándo viene papá a buscarnos acá?'. Lorena me apretó la mano sin querer y me dijo bajito 'no, amor, papá está trabajando', con esa voz que yo conozco de memoria porque la escucho dos veces por semana en el local. No te puedo decir quién pero ese 'papá' trabaja a tres cuadras de acá y el lunes pasado lo vi salir de lo de otra clienta mía a las 8 de la mañana. No dije nada, le terminé el esmalte, le cobré, la abracé cuando se fue. Todavía no sé si alguna vez le voy a decir algo.