la vecina del 3ºA me paró en el ascensor para decirme algo de mi hijo y tuve que sentarme en el pasillo
Hace dos semanas me cruzo con la señora Nora, la del tercero, que hace veinte años vive acá y te saluda con la misma cara que te reta. Me agarra en el ascensor, bolso en mano, apurada, y me dice 'Marta, necesito decirte algo del chico tuyo'. El corazón se me fue al piso. Me contó que Tomás, mi nene de 15, había estado tres tardes seguidas sentado en la escalera de servicio del sexto con una nena, 'hasta las nueve y media al menos', me dijo, y que una vez lo escuchó decir 'te juro que no te abandono'. Me tuve que apoyar en la pared del pasillo porque no sabía si llorar o llamarlo ahí mismo. Cuando llegué al departamento lo encaré directo y me contó que la nena es del turno tarde del colegio y está peleada con su mamá hace meses… y que Tomás la escucha porque 'no tiene a nadie más'. No sé si fue el orgullo más grande de mi vida o el susto más fuerte. Qué fuerte todo, de verdad.
