le dije a mi jefe que no podía cubrir el turno porque tenía fiebre y a las dos horas me etiquetó en una historia mía que había subido desde el bar de enfrente
Laburé cinco años en el mismo boliche de Palermo sin faltar ni un viernes. Una noche de julio me agarró una perra bárbara y mandé un audio diciendo que tenía 38 y pico, la voz toda rota, muy convincente. El tema es que igual salí a tomar algo a El Federal de Malabia, pensando que nadie me iba a ver ahí un martes. Subí una story sin pensar, de esas de dos segundos con el vaso en la mano, y a los veinte minutos mi jefe la compartió en el grupo del staff con un comentario que decía 'qué rápido bajó la fiebre'. No dije nada, no respondí, me hice el muerto tres días. Volví el jueves siguiente como si nada y él tampoco dijo nada, pero desde ese día me pone los turnos más cargados del fin de semana. Allá en Tucumán esto no pasa porque te conocen de toda la vida y ni se te ocurre mentir, acá uno se cree invisible y resulta que no.
