Mi compadre del café de Boedo me preguntó cómo iba 'el tratamiento' y yo no tenía ningún tratamiento
Todos los martes a las diez de la mañana nos sentamos con el Gordo Ferreyra en el café de Inclán y Sánchez de Bustamante a tomar unos cortados y hablar de lo que se habla cuando uno ya vivió bastante. Esta mañana me preguntó, con una naturalidad que me heló la sangre, cómo me estaba yendo con 'el tratamiento del corazón', que si el médico me había cambiado la medicación. Le dije que no sabía de qué me hablaba y se le fue el color de la cara: según él, mi hija Graciela lo había llamado la semana pasada para pedirle que 'me tuviera el ojo puesto' porque yo 'no quería preocupar a nadie'. Volví a casa, la llamé a Graciela, y después de un silencio largo me dijo que el cardiólogo le había dicho algo en una consulta que yo le pedí que no repitiera. Como decía Discépolo, uno cree que camina solo y resulta que todo el barrio ya sabe adónde va.
