Martes a las 7:20, apurada para el Sarmiento, me cruzo al Darío en la puerta cargando cajas. Me pregunta, muy serio, si 'alguna vecina del cuarto' había pedido el duplicado de la llave del sótano porque faltaba una del tablero. Le dije que yo era la única del cuarto. Me miró como si lo estuviera cagando. Subimos juntos, abrió el cajón de llaves y ahí estaba la mía con un papelito pegado con cinta que decía 'pedido 14/6 - firmado Carolina' con mi letra, que yo no recuerdo haber escrito pero es mía, te lo firmo. No sé cuándo fui al sótano ni para qué. Todavía no le dije nada al Darío y él me saluda distinto desde ese día.