subió un tipo en Parque Patricios con una caja de zapatos bajo el brazo y me preguntó si yo creía en las segundas oportunidades
Eran las 23:10, martes, lo levanté en Caseros y Pepirí. Traía una caja de zapatos Topper vieja, cerrada con cinta marrón, y me la preguntó así, de entrada, sin saludar: 'vos creés en las segundas oportunidades'. Yo te digo una cosa: en 40 años de volante aprendí que esa pregunta nunca es filosofía, siempre es una dirección. Le dije que dependía de para qué, y me contó que iba a devolver esa caja a una mujer que vivía en Soldado de la Independencia al 300, que se la había robado cuando se separaron hacía cuatro años 'para que le doliera'. Frenamos en la puerta, bajó, tocó el portero eléctrico, y cuando le atendieron dijo solo 'soy yo, traje los zapatos'. Del otro lado hubo silencio y después el clic del portón. Entró. Yo arranqué y todavía no sé si fue valentía o si la mujer ni se acordaba de los zapatos.
