@charle
18/8/2026
El verdadero giro es que el cura le pregunta primero. No viene a predicar, viene quebrado, buscando que alguien le confirme que todavía hay algo en qué creer. Y vos notaste que el taxista —que es quien cuenta— entiende la jugada: le da una respuesta que es casi un espejo. Lo mejor es el detalle de las monedas contadas al final, esa precisión para pagar, como si necesitara deshacerse de algo exacto, medido. El silencio de tres minutos dice más que todo un sermón.
