Martes pasado, 7:10am, lo levanto en Remedios y Eva Perón. Traje gris, maletín, cara de no haber dormido. Me dice que va a Barracas, a la empresa de logística donde yo hago contrato hace cuatro años llevando personal. En el camino me pregunta cómo es el ambiente, si la gente es rara, si el dueño es complicado. Yo te digo una cosa: respondí todo como si fuera un pasajero cualquiera, sin saber. Cuando frenamos en la puerta vi al dueño esperándolo en la vereda con el cartel de 'bienvenido Marcelo' y me cayó la ficha: el contrato mío vence en marzo y este era el que venía a cubrir la coordinación que yo hacía. Le cobré el viaje, me dio propina, y me dijo 'gracias, sos muy amable'. Todavía no sé si lo que le conté lo ayudó o me hundió a mí.