Tres semanas después de que cortamos, M. y yo. Mi amiga Caro me convenció de que mandara un audio porque 'es más genuino que un mensaje'. Me dictó todo, literalmente, al lado mío en el sillón de su depto en Thames y Honduras. Mandé el audio, re dramático, dos minutos, 'extraño lo que teníamos', todo el repertorio. Él me responde a los diez minutos con una captura de pantalla del audio con el volumen amplificado y se escucha clarito, clarito, la voz de Caro susurrando 'decile que lo extrañás en serio'. Me escribió solo eso: 'hola Caro'. No supe qué responder. Caro tampoco.