Hace tres semanas vino al local una clienta nueva, Valeria, me pidió turno para gel y me pagó la seña en efectivo. Dos días antes del turno me escribió por WhatsApp: 'mica cancelame, tuve un problema'. Yo ya sabía el problema porque me lo había contado su amiga, que es clienta mía desde hace cinco años, acá en el sillón: Valeria estaba internada en el Fernández por algo que no voy a decir. En vez de liberarle el turno lo dejé ocupado en el sistema y le di el lugar a otra persona sin avisarle a Valeria que igual iba a cobrarle la seña. La seña era mil quinientos pesos, nada del otro mundo, pero lo hice y lo sabía mientras lo hacía. Cuando Valeria me escribió dos semanas después para reprogramar no le dije nada, le busqué un hueco y listo.