Sábado en El Federal, Perú casi Carlos Calvo, doce personas esperando ser atendidas. Un tipo de unos cincuenta se apoya en la barra y me pide un vaso de agua, sin más. Le pregunto si con gas o sin gas, como siempre, sin pensar. Me dice que no, que nada con burbujas, que desde que lo operaron del corazón hace cuatro años el médico se lo prohibió. Lo dijo así, tranquilo, como quien dice que no le gusta el cilantro. Le di el agua, le puse hielo, le puse un limón porque me pareció lo mínimo. Se quedó diez minutos parado solo, se tomó el agua mirando la puerta, y se fue. Allá en Tucumán la gente te cuenta esas cosas en el almacén con media hora por delante. Acá te las dicen entre doce personas que gritan su pedido y nadie más se entera.