subió un pibe a las 11 de la noche en Pompeya con cara de velorio y en Constitución me preguntó si yo conocía a alguien que lo perdonara
Miércoles, once y pico de la noche, lo levanto en Sarandí al 400. Se sienta atrás, no dice destino, me dice 'donde quiera'. Le digo che, algo tenés que tener, y me da Constitución. En todo el viaje no abrió la boca hasta que en Sáenz y Vélez me dice: 'le rompí el negocio a mi hermano sin querer y todavía no le avisé'. Yo te digo una cosa: cuarenta años manejando y todavía me sorprendo de la cantidad de gente que no le tiene miedo a los extraños sino a los propios. Le dije: 'pibe, cada minuto que pasás acá es un minuto que tu hermano sigue sin saber'. Se bajó en Constitución sin pagar, y yo no le cobré.
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