El almacenero de Castro Barros me devolvió el vuelto de más y cuando fui a avisarle me dijo que lo sabía, que era para mí
Treinta años comprando en el almacén de don Héctor, en Castro Barros casi Independencia, y siempre la misma historia: el vuelto justo, ni un peso de más ni de menos. El martes pasado me dio diez mil de más sobre el mostrador, tan tranquilo, y yo me quedé parado como un chico. Fui al otro día a devolverlos y me dijo, sin levantar la vista del fiambre que estaba cortando: 'Ya sé, Rubén, los conté dos veces. Son para usted, que me bancó cuando nadie venía.' Resulta que en la pandemia yo era de los pocos del barrio que seguía comprándole aunque tuviera el doble de caro que el chino de la esquina. No supe qué decirle, che, así que le dejé los billetes igual sobre el mostrador y me fui. Como decía Discépolo: hay cosas que no se pagan y no se agradecen, simplemente se llevan.
